jueves, 17 de marzo de 2011

Texto de muestra: académico 2

La “Belle Époque” en Uruguay

Montevideo quería ser ciudad, harta ya de oírse definir como aldea y ni siquiera grande. Montevideo quería ser mujer – bella y opulenta como correspondía al modelo de ese tiempo – hastiada de una sociedad de militares, tenderos y artesanos. No más el bastión militar, ni el mercado de Carretas, ella quería ser un delicado producto artificial, propicio a los paraísos afines. Montevideo quería ser francesa rica, suntuosa, disoluta, sabia, “misteriosa y erudita”, al decir de Rubén Darío.

Ya tenía historia y hasta cronistas del masculino Montevideo antiguo: Isidoro de María y Antonio Pereira. Despuntaban sus pintores, sus fotógrafos, sus cronistas  contemporáneos, y para todos ellos se acicalaba y posaba, ensayando un nuevo personaje. Ni la crisis de 1890 ni la revolución de 1897 habían disminuido la afluencia de riquezas que la exportación de lanas, cueros y carne le proporcionaban.

El nuevo siglo se aproximaba lleno de promesas. Para ella, como para Londres y París, había llegado el tiempo de una – provinciana – “belle époque”. Sobre la opulencia burguesa de la nueva clase de comerciantes adoptaría el aire de esa clorótica e histérica criatura enferma de fin de siglo.

En su aspecto artístico y literario coincide con el período de incorporación y vital creatividad del modernismo, desde 1896 hasta 1911, en que la aristocratizante tendencia de la estética y el pensamiento será drásticamente retaceado por la política beligerante que desarrollará desde el poder Batlle y Ordóñez, imponiendo un populismo efusivo. En Montevideo la “belle époque” se preanuncia con el dandismo intelectual del círculo de Julio Herrera y Obes, cuyo ascenso a la presidencia clausura la época militarista y establece un modelo elegante y culto, que no supo enfrentar la catástrofe económica de 1890, por cuanto parecía hecho para ornar tiempos apacibles y de fácil holgura.

Los últimos años de la década de 1880 habían señalado el apogeo de una repentina buena sociedad instalada en la ciudad. Mientras Emilio Reus y Francisco Piria extendían la capital con barrios para inmigrantes y artesanos, bien distanciados del círculo privilegiado donde se codeaban las buenas familias, éstas aspiraban a comodidades que no habían conocido sus antepasados. Montevideo seguía siendo una pequeña aldea, pero dentro de ella se iniciaba el ascenso fulgurante de lo comerciantes e industriales que desplazarían o absorberían al antiguo patriciado por medio de matrimonios cruzados. Cambiarían los modos de vida. La sencillez, la sobriedad, la modestia familiar y la devoción religiosa, algunos de los valores heredados, fueron reemplazados. No sólo había que tener riqueza, también había que demostrarla.

2 comentarios:

  1. ¿Está disponible el texto completo?

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  2. Este texto forma parte de la monografía de final del curso de Historia Universal Contemporánea, de José Pedro Rilla y Fernando Errandonea, con el título "La creatividad en la Belle Époque. Un puente entre dos siglos". Este fragmento en particular pertenece al capítulo dedicado a la Belle Époque en Uruguay. Si desea el capítulo completo, o incluso el texto de la monografía, no dude en ponerse en contacto a mi correo electrónico, maripe.freelance@gmail.com. Muchas gracias.

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