lunes, 14 de marzo de 2011

Texto de muestra: narrativa (cuento breve)


El Paraíso de Eva


¿Cómo se habrá despertado? ¿Cómo se inició? Nadie lo sabe, porque parecía una lluviosa tarde como todas. Aburrida y rutinaria. Cada uno de los treinta empleados de “Paradise Comunicaciones Ltda.” estaba aislado en su cubículo de trabajo, separado por mamparas enmoquetadas de madera compensada, concentrados en sus monitores, fagocitados por sus teléfonos. Una tarde más. Lluviosa afuera. Aburrida adentro.

Eva se estiró, masajeándose sus adoloridas cervicales. Quizás fue allí. Hubo miradas que se cruzaron, leves movimientos de labios, sonidos imperceptibles. Eva volvió su mirada a su monitor, pero ya no era lo mismo. Cerró los ojos por un momento, tratando de concentrarse. Pero no hubo caso. Respiró hondo, porque se dio cuenta de que un pequeño e intolerablemente inconveniente jadeo se había instalado en su pecho, ahí, en el medio, detrás de su costoso corpiño de encaje, que ponía a prueba su elasticidad. Perturbador jadeo que se atrevía a salir de sus entreabiertos labios, escapándose de entre sus dientes rechinantes y su lengua, ansiosa de sumarse a esta repentina rebeldía. Respiró hondo varias veces. Eva miró su teclado como si las teclas le fueran a descifrar el misterio. No se atrevía a levantar la vista nuevamente. Tomó agua. Quizás así pasaría. Pero el agua se convirtió en insospechado cómplice, deslizándose por su garganta e inundando su pecho hacia confines desconocidos.
Eva tenía dificultades para controlarse. Sus manos fueron sumisamente hacia su boca entreabierta y la lengua pasó revista a sus trémulas yemas. Asustada de lo incontrolable de su reacción, Eva dirigió sus manos hacia sus rodillas. La lengua, irritada por el abandono, inspeccionó los labios, muy lentamente, primero el superior para seguir luego con el inferior, para pegarse decepcionada contra el paladar.

Dejó de luchar contra su impulso. “No puedo más”. Se levantó temblorosa y salió de su cubículo. Adán, Sub Director de Personal, la siguió con la mirada y comenzó a caminar hacia la puerta verde manzana. Eva se deslizó en dirección a los baños. Un solo mordisco. “¡Hummmm siiiiiiiii!”, dijo suspirando Eva, mientras el chocolate se derretía en su boca satisfecha.

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